El Hoonko es la ceremonia conmemorativa en honor al fundador de nuestra escuela Jodo Shinshu, el Maestro Shinran. La palabra “Hoon” significa “retribuir la gratitud recibida”. El grandioso regalo que el Maestro Shinran nos legó es la doctrina de la Jodo Shinshu. Aunque está basada en las enseñanzas fundamentales del budismo, existen diversas tradiciones dentro de esta religión. Como todos saben, los lamentables conflictos en el Medio Oriente, que ya duraban mucho tiempo, se intensificaron gravemente el mes pasado. Las deidades de estas religiones monoteístas nunca promueven la guerra directamente en sus escrituras. Sin embargo, al no prohibirla de manera absoluta y sugerir a veces que es necesario luchar para defender la fe, esta idea se convierte en un factor de conflicto. En las religiones monoteístas que establecen el orden divino como el “bien” absoluto, cualquier acción que no se alinee con este orden es considerada como “mal”, justificando el uso de la fuerza para corregir o eliminar dicho mal.
Por el contrario, el budismo nunca ha participado en guerras santas ni conflictos religiosos a lo largo de sus más de 2500 años de historia. En parte, esto se debe a su naturaleza tolerante como una tradición que acogió e integró activamente las creencias locales. Además, la doctrina budista enseña el concepto del “vacío” (Ku), buscando alejarse de nociones rígidas de orden moral y dogmas mundanos creados por el sentido común. ¿Y cuál es la esencia del budismo? El objetivo final es alcanzar la “Iluminación”, y la palabra “Buda” significa simplemente “el que ha despertado”. El contenido de esta iluminación es directo: comprender que todas las cosas son impermanentes, todas las cosas carecen de un yo independiente y toda existencia mundana sin el desapego correcto es sufrimiento. Comprender e integrar estos tres principios en nuestra vida es la esencia del despertar. Sin embargo, comprender aquí significa volverse uno con esta realidad, dándose cuenta de que no existe un estándar de bien y mal absoluto en el universo; todo juicio es siempre relativo a “alguien”. A esta naturaleza de la realidad la llamamos “vacío”. El objetivo budista es liberarnos de los sufrimientos generados por el apego a nuestros juicios personales y alcanzar la paz interior.
La escuela Jodo Shinshu divide el camino budista en dos grandes enfoques. El primero es el camino del esfuerzo propio (Jiriki), donde los practicantes buscan alcanzar la iluminación mediante su propia disciplina rigurosa. Esta categoría abarca escuelas budistas que exigen un estudio exhaustivo, el cumplimiento de preceptos severos y la renuncia total a la vida secular, siguiendo el ejemplo de Siddhartha Gautama. El segundo grupo, en el cual se incluye Jodo Shinshu, es guiado hacia la iluminación a través del método de salvación ya establecido y ofrecido por la compasión del Buda Amida (Tariki). Históricamente, este camino fue enseñado como el medio de salvación para las personas comunes que no pueden abandonar sus vidas cotidianas para convertirse en monjes.
El Maestro Honen, fundador de la escuela Jodo, examinó miles de volúmenes de escrituras sagradas para extraer la práctica del “Nembutsu”, abriendo las puertas de la salvación a toda la humanidad por igual. Su discípulo, el Maestro Shinran, dedicó su vida a consolidar la legitimidad del Nembutsu escribiendo el tratado “Kyogyoshinsho”. El “Shosingue”, que recitamos juntos hoy, es una sección esencial de esta gran obra. Aunque fue escrito con el deseo sincero de ser comprendido por todos, el texto es profundo y requiere seriedad en su estudio. Gracias a la dedicación del Maestro Shinran, la salvación budista se convirtió en un camino accesible para cualquier persona, y no en un privilegio de pocos. Expresar nuestra sincera gratitud por este legado espiritual es el verdadero propósito de la ceremonia de Hoonko. ¿Y cómo retribuimos esta inmensa gracia? Lo hacemos simplemente recitando el Nembutsu con un corazón agradecido.