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A menudo hablamos de “creer” o “confiar” en alguien. Sin embargo, en muchos casos, no estamos confiando en la persona real, sino depositando expectativas excesivas sobre una imagen idealizada que hemos construido de ella. Cuando nos sentimos traicionados porque no se cumplieron nuestras expectativas, generalmente no es que la otra persona nos haya traicionado, sino simplemente que no poseía el carácter o la habilidad que dábamos por sentado. Solo hemos visto un aspecto de esa persona que antes estaba oculto. La verdadera confianza comienza cuando, al descubrir esa nueva faceta, podemos aceptarla diciendo: “Ah, esto también forma parte de quien ella es”.

Cuando definimos arbitrariamente nuestras impresiones sobre los demás y las cosas no resultan como esperábamos, nos perdemos fácilmente en el espeso bosque de las relaciones humanas. Construir un eje interno firme y estable es sumamente difícil. Por eso, al sentirnos inseguros, hablamos de “confiar” como una forma de aferrarnos a nuestro propio éxito idealizado o a la imagen perfecta de alguien más. Sin embargo, apoyarse excesivamente en otra persona suele significar imponerle una carga unilateral. Aunque apoyarse en los demás resulta cómodo para uno, quien nos sostiene debe esforzarse el doble. Esto no es confianza real; es la imposición de expectativas desmedidas. En el budismo, a estos apegos egoístas los llamamos “pasiones descarriadas” (Bonno).

Nuestro fundador, el Maestro Shinran, se expresó sobre la confianza de la siguiente manera: “Incluso si cayera al infierno por seguir el Nembutsu que me enseñó el Maestro Honen, no me importaría. De todos modos, por más que me esfuerce, soy incapaz de llegar a la Tierra Pura mediante mi propio poder. Si fuera capaz de llegar a la Tierra Pura por mis propios méritos y cayera al infierno por confiar en el Nembutsu, solo entonces podría decir que fui engañado. Pero como de cualquier forma no tengo otro destino que el infierno, elijo recitar el Nembutsu, confiando en las palabras de mi respetado maestro”. En otras palabras, confiar verdaderamente en alguien significa estar dispuesto a aceptar cualquier engaño o daño que pueda provenir de esa persona. ¿No es este acaso el lazo de confianza que une a padres e hijos? Para nosotros, tal como nos enseña el Maestro Shinran, el Buda Amida es la presencia infinitamente confiable en quien podemos depositar nuestro corazón.